Linda Manzanilla: en Mesoamérica se fraguó tradición con base en diversidad
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martes, 8 de agosto de 2017
domingo, 19 de febrero de 2017
domingo, 29 de marzo de 2015
Discutamos México, V México Independiente 17.- Constitución 1824 y constituciones centralistas
Coordina: Josefina Zoraida Vázquez. Participan: Reynaldo Sordo, Andrés Lira y José Antonio Serrrano.
Discutamos México, V México Independiente 18.- Liberales y Conservadores. Coordina: Josefina Zoraida Vázquez.
Modera Josefina Zoraida Vázquez. Participan: Andrés Lira, Brian Connaughton, Luis Antonio Jáuregui Frías.
miércoles, 25 de marzo de 2015
La primera gran revolución mexicana. Raúl González Lezama. Investigador del INEHRM
Raúl González Lezama Investigador del INEHRM
La primera gran revolución mexicana
La primera gran revolución mexicana
La primera mitad del siglo XIX mexicano fue un periodo plagado de cuartelazos, asonadas y rebeliones, pero ninguno había alcanzado la magnitud y trascendencia de la revolución de A yutla. Los numerosos movimientos precedentes fueron motivados por diferencias políticas, por los distintos modos de concebir y organizar la administración pública; unos creyendo que el centralismo era el modelo más adecuado, otros por sostener que era el federalismo. Otros más lo hicieron en defensa de sus creencias religiosas y otros por la libertad del individuo, ahogado por las prerrogativas y privilegios de los estamentos militar y eclesiástico.
El pueblo, que durante la Independencia se sumó de forma multitudinaria y espontánea a las huestes insurgentes, se encontraba desencantado. En tres décadas se había acostumbrado a la manera de hacer política de los caudillos que afirmaban ser voceros de la voluntad nacional y que, con unos cuantos artículos plasmados en un nuevo plan regenerador o en una ardiente proclama, prometían en todo momento de crisis la salvación de la patria. Fue necesario que se conjugaran dos circunstancias para transformar esa apatía: un régimen tiránico con tintes ridículos de comedia y la enajenación injusta del territorio nacional.
Antonio López de Santa Anna fue llamado de su destierro en Colombia con la esperanza de que su persona sirviera para mediar entre las distintas facciones políticas y, con ello, asegurar la tranquilidad pública. Lejos de hacerlo, construyó un régimen despótico y autoritario. Cobijó de manera desmedida a un grupo de favoritos, coartó las libertades ciudadanas, quiso rodearse de un boato propio de las monarquías europeas resucitando la Orden de Guadalupe creada durante el Imperio de Iturbide y adoptó para sí mismo el título de Alteza Serenísima. En lugar de un gobierno, el general montó un inmenso carnaval.
Según nos cuenta Guillermo Prieto, “Santa Anna vivía en Tacubaya, en el palacio arzobispal; los bajos de ese palacio estaban ocupados por tropas, asistentes y servidumbre turbulenta; por la parte exterior había chimoleras, vendimias, concurrencia extraordinaria de pretendientes en coches particulares y de sitio; en suma, un conjunto abigarrado en holgura y bebiendo para aligerar la pesadez de la espera. La parte superior del palacio estaba dividida en dos partes: a la izquierda la habitación del presidente y las piezas corridas de los ayudantes y visitas de su alteza”.
Para sostener su tren de vida cargó a los contribuyentes de impuestos exorbitantes. Además de restituir las alcabalas, decretó gravámenes sobre la propiedad y el trabajo, y otros más extravagantes como la exigencia del pago de un peso mensual por cada perro, cuyo incumplimiento era castigado con multas hasta de 20 pesos y la muerte del animal. Otro impuesto memorable fue el que debía pagarse por cada puerta o ventana.
El descontento se transformó en irritación. Como remedio, el gobierno publicó un bando contra los que murmurasen contra la autoridad, censuraran sus disposiciones o publicaran malas noticias; en él se imponía una multa de 200 pesos a cualquiera que, viendo cometer esas faltas, no denunciara a sus autores. Se canceló la libertad de imprenta y se impuso la pena de destierro a todo sospechoso de conspiración, la cual se aplicó sin distinción a hombres y mujeres, sin conceder ningún tipo de dispensa por vejez o enfermedad, quedando las familias en completo desamparo. Para causar mayores aflicciones a los desterrados, a los habitantes de tierras frías se les enviaba a climas ardientes del sur, o se confinaba a los habitantes de éstos a las regiones del norte; los desgraciados proscritos eran obligados a vivir en poblaciones insignificantes, donde no encontraban medios para subsistir. En suma, el régimen de Santa Anna se convirtió en el gobierno de un hombre “poseído de algo como un delirio del poder”, que veía en cada individuo un conspirador y, con esa óptica, hizo de la persecución una forma de gobernar.
Para colmar el vaso del descontento, Su Alteza Serenísima, el general presidente, firmó con
Estados Unidos un tratado por el cual México cedía el territorio de la Mesilla a cambio de
10 millones de pesos: en total se perdieron 339 370 hectáreas pertenecientes a los estados
de Sonora y Chihuahua.
El 1 de marzo de 1854 el coronel Florencio Villarreal, de acuerdo con Juan Álvarez, promulgó en la hacienda de La Providencia el Plan de Ayutla, mismo que fue reformado el día 11 en Acapulco por Ignacio Comonfort. La revolución encabezada por Álvarez, caudillo de la Independencia, estalló el 1 de mayo.
A la Revolución de Ayutla no puede llamársele democrática —según Emilio Rabasa sería una exageración—, pero, en cambio, sí fue popular, pues tuvo a su favor la simpatía y la voluntad general. El ciudadano común no la vio con la indiferencia habitual con que presenció los cuartelazos y movimientos revolucionarios anteriores. Los habitantes de los pueblos, a pesar de hallarse desarmados y amenazados por el santanismo, favorecieron cuanto pudieron a los revolucionarios. En un principio se había dispuesto que fueran confiscadas las propiedades de quienes participaran en el movimiento y, cuando la lucha adquirió mayores dimensiones, se intentó ponerle fin con medidas más severas y drásticas. Así, el 24 de mayo el Ministerio de Guerra transmitió al comandante militar de Guerrero una orden que decía: “todo pueblo que se manifieste contra el supremo gobierno, debe ser incendiado, y todo cabecilla o individuo que se coja con las armas en la mano, debe ser fusilado”. Instrucciones como ésta fueron giradas y obedecidas con frecuencia por los jefes militares santanistas. En contraste, los revolucionarios trataron siempre a los prisioneros de guerra con la mayor humanidad: Álvarez reiteraba constantemente a sus subordinados que respetaran escrupulosamente las propiedades por donde pasaran sus tropas.
Siguieron al Plan de Ayutla moderados, liberales puros, y aún hombres que luego pasaron a engrosar las filas de la reacción conservadora, todo porque deseaban el fin de la dictadura santanista, que les había demostrado cuán odioso es para el ciudadano vivir bajo un régimen donde todos sus derechos fundamentales son atropellados o conculcados por el capricho de un hombre. El terror con que trató de sofocar la revolución, lejos de amedrentarlos, les infundió mayores deseos de alcanzar la victoria.
El Plan no prometía una transformación radical, pedía simplemente instituciones liberales; ofrecía sólo una república representativa popular, pero el torpe proceder de Santa Anna dio pie a la radicalización de las ideas. Al triunfo de la Revolución las posturas de los liberales
puros como Zarco, Arriaga y Ocampo, fueron las que se plasmaron en la nueva
Constitución. El dictador logró convertir un movimiento dirigido contra un solo hombre, en
un movimiento revolucionario que mediante normas jurídicas como las leyes Juárez, Lerdo,
Iglesias y Lafragua, y una constitución liberal, intentaron renovar desde los cimientos la
estructura política de México. El 1 de marzo de 1854 el coronel Florencio Villarreal, de acuerdo con Juan Álvarez, promulgó en la hacienda de La Providencia el Plan de Ayutla, mismo que fue reformado el día 11 en Acapulco por Ignacio Comonfort. La revolución encabezada por Álvarez, caudillo de la Independencia, estalló el 1 de mayo.
A la Revolución de Ayutla no puede llamársele democrática —según Emilio Rabasa sería una exageración—, pero, en cambio, sí fue popular, pues tuvo a su favor la simpatía y la voluntad general. El ciudadano común no la vio con la indiferencia habitual con que presenció los cuartelazos y movimientos revolucionarios anteriores. Los habitantes de los pueblos, a pesar de hallarse desarmados y amenazados por el santanismo, favorecieron cuanto pudieron a los revolucionarios. En un principio se había dispuesto que fueran confiscadas las propiedades de quienes participaran en el movimiento y, cuando la lucha adquirió mayores dimensiones, se intentó ponerle fin con medidas más severas y drásticas. Así, el 24 de mayo el Ministerio de Guerra transmitió al comandante militar de Guerrero una orden que decía: “todo pueblo que se manifieste contra el supremo gobierno, debe ser incendiado, y todo cabecilla o individuo que se coja con las armas en la mano, debe ser fusilado”. Instrucciones como ésta fueron giradas y obedecidas con frecuencia por los jefes militares santanistas. En contraste, los revolucionarios trataron siempre a los prisioneros de guerra con la mayor humanidad: Álvarez reiteraba constantemente a sus subordinados que respetaran escrupulosamente las propiedades por donde pasaran sus tropas.
Siguieron al Plan de Ayutla moderados, liberales puros, y aún hombres que luego pasaron a engrosar las filas de la reacción conservadora, todo porque deseaban el fin de la dictadura santanista, que les había demostrado cuán odioso es para el ciudadano vivir bajo un régimen donde todos sus derechos fundamentales son atropellados o conculcados por el capricho de un hombre. El terror con que trató de sofocar la revolución, lejos de amedrentarlos, les infundió mayores deseos de alcanzar la victoria.
El Plan no prometía una transformación radical, pedía simplemente instituciones liberales; ofrecía sólo una república representativa popular, pero el torpe proceder de Santa Anna dio pie a la radicalización de las ideas. Al triunfo de la Revolución las posturas de los liberales
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Historia
Lecturas del curso Contexto de El Nigromante.
Lecturas del curso Contexto de El Nigromante.
Lectura 1.
Vázquez Semadeni, María Eugenia.
Reseña de lamían dependencia de México, temas e interpretaciones recientes de Alfredo Ávila y Virginia Guedea.
UNAM.
En diferentes momentos del siglo XX diferentes investigadores cuestionaron la versión tradicional de la historia de la Guerra de independencia.
Hace un balance sobre las nuevas miradas que los historiadores se han acercado a ese proceso desde distintas arias de la disciplina, como la historia del pensamiento político, la historia política, la historia social, la historia militar o la historia fiscal.
El primer cambio fundamental que llevó a la formulación de nuevas interpretaciones y la ampliación de la temática fue la reconsideración sobre el pensamiento político que alimento el proceso de emancipación. La historiografía tradicional, heredada del liberalismo decimonónico, presentaba a la independencia como resultado de las ideas de la ilustración y en particular de la filosofía francesa.
Alfredo Ávila relata como diversos autores, en particular Luis Villoro, recuperaron la fila Sion teológica, la importancia del saber jurídico y del constitucionalismo histórico en los pensadores novohispanos y próceres de la independencia como Hidalgo y Morelos.
Estos análisis han procurado localizador no sólo las rupturas sino también las continuidades del proceso...
... Han redimensionado el impacto de las ideas, al mostrarlas como hechos históricos en sí mismos, que por una parte dependen del contexto, las circunstancias y la forma en que son enunciadas, y por otra inciden directamente en los acontecimientos y en la toma de decisiones políticas.
Colocar dentro de la tradición hispánica las ideas de los novohispanos que participaron en la independencia favoreció que hechos antes entendidos simplemente como antecedentes del movimiento ahora se consideren parte integral del mismo. Así, prácticamente en todas las arias de la disciplina se concede mayor importancia a los acontecimientos ocurridos en la metrópoli a partir de 1808, a las reacciones que despertaron en los miembros del Ayuntamiento del virrey Iturrigaray.
Todo lo anterior es de la página 142 de estudios de historia moderna y contemporánea de México número 37, enero junio del 2009.
De la página 143:
El papel que sea otorgado a los acontecimientos de 1808 hay picado también el reconocimiento que le historiografía actual confiere al liberalismo gaditano o liberalismo hispánico, pues era común en la península y no en América. Como un elemento central para comprender no sólo el proceso de emancipación si no también la fisonomía que adquirieron algunas instituciones en la primera República Federal.
Este reconocimiento coloca a la independencia novohispana dentro de la revolución del mundo hispánico.
Una de cuyas consecuencias fue la aparición de varias naciones entre ellas la mexicana y la española.
Por una parte tal perspectiva derrumba, o al menos tambalea, uno de los pilares de la interpretación tradicional que desde una postura, cuando menos producto nacionalista, consideraba que las naciones americanas ya existían en los últimos años de la colonia y por otra, muestra la existencia de un culto de una cultura política compartida en los dominios hispanos de ambos hemisferios.
Se propone incluir la emancipación dentro de la desintegración de la monarquía española, destacando el impacto del liberalismo gaditano en los procesos hispanoamericanos. En ese mismo sentido, otro planteamiento que sea sometido a examen es el que presentaba los movimientos surgidos en América después de 1808 como eminentemente independiente.
Diversos investigadores han mostrado que se trataba más bien de intentos autonomistas. Jaime Rodríguez sostiene que fue hasta que las élites mexicanas no encontraron respuesta de parte de las autoridades peninsulares a su búsqueda de autonomía e igualdad, que dichos movimientos fueron adquiriendo su tono de separación de la metrópoli.
De la página 144.
El alejamiento que los trabajos recientes tienen respecto de varias de las premisas de la interpretación tradicional ha permitido redimensionar la participación de ciertos actores en el proceso, lo cual ha enriquecido el análisis. La histerografía oficial suponía que todos los grupos sociales novohispanos se sentían agraviados por el dominio de las autoridades españolas al menos durante las últimas décadas del régimen colonial, por lo que, cuando tuvieron la oportunidad, indios, castas y criollos se unieron en una gesta común de liberación.
De la página 145.
John Tutino y Brian Hamnet, cuestionaron esas propuestas y concluyeron que el deterioro en los niveles de vida de las clases bajas convergió con el reclamo de mayores oportunidades de los sectores profesionales, lo cual creó un ambiente propicio para el estallido de una rebelión popular.
Eric Van Young, quien afirma que fueron la defensa de la identidad comunal y la búsqueda de autonomía política los factores que propiciaron la incorporación de algunas comunidades indígenas a la insurgencia.
Otro actor fundamental cuya participación en el proceso de emancipación se ha revelado es la iglesia.
Los nuevos caminos que haz seguido el estudio de este tema plantean que desde décadas anteriores al estallido de la guerra se fueron gestando algunas de las causas que condicionaron la participación de los eclesiásticos en la independencia. Textos que combinan el estudio de larga duración de la institución con la coyuntura independentista, que analizan la religiosidad en regiones específicas, así como la diversidad es en los distintos sectores de la Iglesia: el clero secular y el regular, las altas jerarquías y los curas párrocos constatan que la institución eclesiástica no fue tan monolítica como se le había considerado y que en muchos casos procuro va dirigir el cambio , como señala Brian Connaughton.
Pese a hacer notar que ni todos los liberales se mantenían siempre dentro de los principios que se les adjudica van a esa doctrina, todos los absolutistas eran tan reaccionarios, la sugerencia de Breña de emplear los términos tradición y Reforma no deja de plantear una visión dicotómico de un proceso que el mismo describe como mucho más plural.
Así, la contrainsurgencia y la labor de los realistas-su pensamiento político, las medidas fiscales que dictaron a los estrategias militares que desarrollaron-se han incorporado como parte constitutiva del movimiento, que cada vez aparecen menos unitario. Los defensores del orden tradicional también participaron en la contienda, y no sólo como el enemigo a vencer, sino como parte de una dinámica que, en su conjunto, Modificó la estructura social, política, económica, cultural e internacional del mundo Atlántico.
De la página 147 otros actores que han sido reevaluados son los que realizaron labores en pro de la independencia fuera de las fronteras por ejemplo, la labor de los agentes enviados por la dirigencia insurgente a estados unidos a fin de obtener apoyo para su causa, así como la política desarrollada por el vecino del norte, que aparece, por decirlo menos, ambigua e internada, condicionada por las rivalidades comerciales y políticas.
Virginia Guedea: El proceso de independencia fue fundamentalmente político, pues tuvo como eje principal la lucha por el poder. Los problemas económicos, sobre todo los referentes al ámbito fiscal, han atraído la atención de los especialistas.
luis Jáuregui: no sé más principal es que se han abordado desde entonces son el deterioro de las instituciones fiscales, las medidas adoptadas tanto por las autoridades realistas como por los Insurgentes para financiar el costo de la guerra, así como las políticas de las autoridades virreinales frente a algunos impuestos específicos, como el tributo y las contribuciones directas.
Saludos desde San Miguel de Allende,
El destino número uno para visitar en el mundo (Conde Nast 2013).
Sitio Patrimonio Cultural de la Humanidad (UNESCO 2008).
¡Corazón de México!
Arturo Morales Tirado
Tierra Adentro San Miguel de Allende
www.tasma.com.mx
Facebook@arturomoraletirado
Twitter@ArturoMoralesTi
Cel: 4151498648
Oficina: 01(415)1200783
Lectura 1.
Vázquez Semadeni, María Eugenia.
Reseña de lamían dependencia de México, temas e interpretaciones recientes de Alfredo Ávila y Virginia Guedea.
UNAM.
En diferentes momentos del siglo XX diferentes investigadores cuestionaron la versión tradicional de la historia de la Guerra de independencia.
Hace un balance sobre las nuevas miradas que los historiadores se han acercado a ese proceso desde distintas arias de la disciplina, como la historia del pensamiento político, la historia política, la historia social, la historia militar o la historia fiscal.
El primer cambio fundamental que llevó a la formulación de nuevas interpretaciones y la ampliación de la temática fue la reconsideración sobre el pensamiento político que alimento el proceso de emancipación. La historiografía tradicional, heredada del liberalismo decimonónico, presentaba a la independencia como resultado de las ideas de la ilustración y en particular de la filosofía francesa.
Alfredo Ávila relata como diversos autores, en particular Luis Villoro, recuperaron la fila Sion teológica, la importancia del saber jurídico y del constitucionalismo histórico en los pensadores novohispanos y próceres de la independencia como Hidalgo y Morelos.
Estos análisis han procurado localizador no sólo las rupturas sino también las continuidades del proceso...
... Han redimensionado el impacto de las ideas, al mostrarlas como hechos históricos en sí mismos, que por una parte dependen del contexto, las circunstancias y la forma en que son enunciadas, y por otra inciden directamente en los acontecimientos y en la toma de decisiones políticas.
Colocar dentro de la tradición hispánica las ideas de los novohispanos que participaron en la independencia favoreció que hechos antes entendidos simplemente como antecedentes del movimiento ahora se consideren parte integral del mismo. Así, prácticamente en todas las arias de la disciplina se concede mayor importancia a los acontecimientos ocurridos en la metrópoli a partir de 1808, a las reacciones que despertaron en los miembros del Ayuntamiento del virrey Iturrigaray.
Todo lo anterior es de la página 142 de estudios de historia moderna y contemporánea de México número 37, enero junio del 2009.
De la página 143:
El papel que sea otorgado a los acontecimientos de 1808 hay picado también el reconocimiento que le historiografía actual confiere al liberalismo gaditano o liberalismo hispánico, pues era común en la península y no en América. Como un elemento central para comprender no sólo el proceso de emancipación si no también la fisonomía que adquirieron algunas instituciones en la primera República Federal.
Este reconocimiento coloca a la independencia novohispana dentro de la revolución del mundo hispánico.
Una de cuyas consecuencias fue la aparición de varias naciones entre ellas la mexicana y la española.
Por una parte tal perspectiva derrumba, o al menos tambalea, uno de los pilares de la interpretación tradicional que desde una postura, cuando menos producto nacionalista, consideraba que las naciones americanas ya existían en los últimos años de la colonia y por otra, muestra la existencia de un culto de una cultura política compartida en los dominios hispanos de ambos hemisferios.
Se propone incluir la emancipación dentro de la desintegración de la monarquía española, destacando el impacto del liberalismo gaditano en los procesos hispanoamericanos. En ese mismo sentido, otro planteamiento que sea sometido a examen es el que presentaba los movimientos surgidos en América después de 1808 como eminentemente independiente.
Diversos investigadores han mostrado que se trataba más bien de intentos autonomistas. Jaime Rodríguez sostiene que fue hasta que las élites mexicanas no encontraron respuesta de parte de las autoridades peninsulares a su búsqueda de autonomía e igualdad, que dichos movimientos fueron adquiriendo su tono de separación de la metrópoli.
De la página 144.
El alejamiento que los trabajos recientes tienen respecto de varias de las premisas de la interpretación tradicional ha permitido redimensionar la participación de ciertos actores en el proceso, lo cual ha enriquecido el análisis. La histerografía oficial suponía que todos los grupos sociales novohispanos se sentían agraviados por el dominio de las autoridades españolas al menos durante las últimas décadas del régimen colonial, por lo que, cuando tuvieron la oportunidad, indios, castas y criollos se unieron en una gesta común de liberación.
De la página 145.
John Tutino y Brian Hamnet, cuestionaron esas propuestas y concluyeron que el deterioro en los niveles de vida de las clases bajas convergió con el reclamo de mayores oportunidades de los sectores profesionales, lo cual creó un ambiente propicio para el estallido de una rebelión popular.
Eric Van Young, quien afirma que fueron la defensa de la identidad comunal y la búsqueda de autonomía política los factores que propiciaron la incorporación de algunas comunidades indígenas a la insurgencia.
Otro actor fundamental cuya participación en el proceso de emancipación se ha revelado es la iglesia.
Los nuevos caminos que haz seguido el estudio de este tema plantean que desde décadas anteriores al estallido de la guerra se fueron gestando algunas de las causas que condicionaron la participación de los eclesiásticos en la independencia. Textos que combinan el estudio de larga duración de la institución con la coyuntura independentista, que analizan la religiosidad en regiones específicas, así como la diversidad es en los distintos sectores de la Iglesia: el clero secular y el regular, las altas jerarquías y los curas párrocos constatan que la institución eclesiástica no fue tan monolítica como se le había considerado y que en muchos casos procuro va dirigir el cambio , como señala Brian Connaughton.
Pese a hacer notar que ni todos los liberales se mantenían siempre dentro de los principios que se les adjudica van a esa doctrina, todos los absolutistas eran tan reaccionarios, la sugerencia de Breña de emplear los términos tradición y Reforma no deja de plantear una visión dicotómico de un proceso que el mismo describe como mucho más plural.
Así, la contrainsurgencia y la labor de los realistas-su pensamiento político, las medidas fiscales que dictaron a los estrategias militares que desarrollaron-se han incorporado como parte constitutiva del movimiento, que cada vez aparecen menos unitario. Los defensores del orden tradicional también participaron en la contienda, y no sólo como el enemigo a vencer, sino como parte de una dinámica que, en su conjunto, Modificó la estructura social, política, económica, cultural e internacional del mundo Atlántico.
De la página 147 otros actores que han sido reevaluados son los que realizaron labores en pro de la independencia fuera de las fronteras por ejemplo, la labor de los agentes enviados por la dirigencia insurgente a estados unidos a fin de obtener apoyo para su causa, así como la política desarrollada por el vecino del norte, que aparece, por decirlo menos, ambigua e internada, condicionada por las rivalidades comerciales y políticas.
Virginia Guedea: El proceso de independencia fue fundamentalmente político, pues tuvo como eje principal la lucha por el poder. Los problemas económicos, sobre todo los referentes al ámbito fiscal, han atraído la atención de los especialistas.
luis Jáuregui: no sé más principal es que se han abordado desde entonces son el deterioro de las instituciones fiscales, las medidas adoptadas tanto por las autoridades realistas como por los Insurgentes para financiar el costo de la guerra, así como las políticas de las autoridades virreinales frente a algunos impuestos específicos, como el tributo y las contribuciones directas.
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